Jardín Huerto del Cura

Artículo de investigación

Los astrónomos que, con motivo del próximo eclipse, escogieron Elche para centro de sus investigaciones científicas, han escogido como unos sabios.

Dicenta, Joaquín (05 de mayo de 1900). Desde Elche. El Liberal de Madrid.

¿Qué es un eclipse?

Los eclipses más destacados o más reconocibles son los solares y los lunares, pero hay también eclipses de planetas, de satélites y de estrellas (llamados frecuentemente ocultaciones).

Un astro estaría eclipsado cuando su luz se oculta por interponerse entre él y nuestra vista otro cuerpo celeste, como en los eclipses de Sol y de estrellas, o cesa de ser iluminado por el Sol, como en los de Luna.

En los eclipses solares, la penumbra se extiende gradualmente por el planeta y en el instante de máxima oscuridad, aún se contempla una aureola de luz en torno de los dos astros, difundiendo sobre el planeta un débil resplandor. Son visibles desde los puntos de la superficie terrestre que se hallen en la recta que unen los centros de la Tierra, de la Luna y del Sol. Como en el eclipse del 28 de mayo de 1900 que se pudo contemplar en la siguiente franja de nuestro país:

Una amplia área de casi 97 kilómetros de ancho que atravesaba la Península Ibérica desde Oporto hasta Elche, incluyendo parte de las provincias de Salamanca, Cáceres, Ávila, Badajoz, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Albacete y Alicante.

Los astrónomos en Elche y Santa Pola

Desde el 01 de mayo, Pere Ibarra recopila en su crónica artículos de prensa que se hacen eco de como las comisiones científicas procedentes de toda Europa se dirigen a la comarca del Baix Vinalopó y, más concretamente, a Elche, aunque en marzo de ese mismo año ya empezaba el intercambio de cartas de astrónomos solicitando información sobre alojamientos y lugares en los que emplazar sus observatorios.

Especial revuelo causaron las comisiones inglesa y escocesa, encabezadas por los astrónomos Mr. Norman Lockyer y Mr. Ralph Copeland respectivamente, llegando a Santa Pola el 17 de mayo a bordo del Thesseus.

Un crucero de 8.000 toneladas, con 12 cañones de gran calibre y 500 tripulantes al que le dio la bienvenida, entre otros, D. Francisco Bonmatí Mas, D. José Salinas y el ayudante de marina D. José Hernández. Entre las dos comisiones sumaban 109 cajas de instrumentos para observar el eclipse, con un peso total de 6.510 kilogramos, que quedaron bajo vigilancia de la Guardia Civil en aquella, hasta el momento, tranquila Playa del Tamarit. Como anécdota, destaca que el personal del Thesseus practicaba en esa misma playa un juego llamado football ante la mirada atónita de los vecinos, propiciando así que Santa Pola fuera el primer lugar de la Comunidad Valenciana donde se introdujo el deporte del balompié.

Toda la ciudad de Elche se volcó para recibir a los astrónomos y aficionados que allí se dieron cita, ¡incluso una cuadrilla de carteristas cuyo mayor botín fue una cartera con 4.000 pesetas! Establecimientos y particulares ofrecieron alojamiento a los ilustres visitantes: el alcalde D. Sebastián Canales, D. José María López Campello, D. Gervasio Torregrosa, D. Manuel López y D. Domingo Bartolomé fueron los más destacados anfitriones. Tanto es así, que en las calles era frecuente escuchar frases como ¿cuántos sabios tienes tú? o por ahí van los sabios de fulano. Además, el Marqués de Cabriñana, director general de Correos y Telégrafos, planificó diversas medidas para que la oficina telegráfica de Elche pudiera atender con presteza el exceso de servicio telegráfico del 28 de mayo.

Tal y como recogen diarios como El Heraldo de Madrid, El Liberal, El Imparcial o Las provincias de Levante, los astrónomos van llegando a la ciudad hasta prácticamente el día de antes del eclipse. El 09 de mayo, por ejemplo, llegaban a Elche Mr. Georges Meslin, profesor de Química de la Universidad de Montpellier, y Mr. Henri Bourget, profesor de Astronomía de la Universidad de Toulousse; fueron a recibirles a la estación Mr. Auguste Lebeuf y Mr. Jean Carrère que ya estaban instalados en la finca San Antonio de D. Gervasio Torregrosa.

Los astrónomos del Observatorio de París, Mr. Maurice Hamy (espectógrafo) y Mr. Lagarde se alojaron en la finca El Pino (hoy llamada Casa Azul) del banquero D. Jaime Brotons Pastor.

José Joaquín Landerer, acompañado por su familia y centrado en el estudio que iba a realizar durante el eclipse sobre la proporción de luz polarizada de la atmósfera coronal, llegaba el 14 de mayo para instalarse en la finca El Toscar.

José Joaquín Landerer, acompañado por su familia y centrado en el estudio que iba a realizar durante el eclipse sobre la proporción de luz polarizada de la atmósfera coronal, llegaba el 14 de mayo para instalarse en la finca El Toscar.

Ese mismo día, también llegaban los tenientes de navío españoles de la Academia de Ampliación de Marina, D. Francisco Graen, D. Darío Somoza, D. Isidro Sainz, D. José María Sanyer y D. Rafael Guardia, con instrumental de 4.000 kilogramos en total.

El 20 de mayo hacía acto de presencia el astrónomo del Vaticano, el padre agustino Ángel Rodríguez de Prada, con el propósito de hallar en el momento de la totalidad del eclipse el verdadero color de la corona del Sol. Junto a él se desplazaron los astrónomos – también padres agustinos – Antonio Tonna, Manuel Diez, Cándido de la Fuente, y Fidel Faulín y Ugarte que residió en el monasterio de El Escorial. Todos ellos, se hospedaron en Villa Carmen, la finca de Domingo Bartolomé, donde ya estaba preparada la comisión del Observatorio de San Fernando que quedaría a cargo del general D. Juan Bautista Viniegra.

En la finca del alcalde D. Sebastián Canales, la estación astronómica de los Condes de la Baume Pluvinel, que viajaron con su cocinero personal, era de las más completas y aplaudidas. Huelga decir que ya tenían experiencia en montar observatorios allá donde iban puesto que habían estado en Rusia con el eclipse total de 1887, en Cayenne estudiando el eclipse de 1889, en Creta en 1890 y en Senegal en 1893.

Así, con todo este movimiento y entre tanto preparativo, el 25 de mayo de 1900 por la tarde, llegaban Monsieur Camille Flammarion y Madame Sylvie Flammarion, acompañados del redactor Eduardo Bonet de El Correo de Valencia que hacía las funciones de secretario.

El cantor del cielo en Elche

Prueba de lo mediático que era Camille Flammarion, apodado el cantor del cielo, era la forma en que lo recibían allí donde iba. Antes de llegar a Elche, a su paso por la estación de Villena, lo esperaba una multitud de vecinos que entregaron a Mme. Sylvie Flammarion un gran ramo de flores adornado con cintas con los colores de Francia y España. En Alicante, le esperaban el abate Théophile Moreux que era miembro también de la Sociedad Astronómica Francesa y uno de los discípulos más cercanos, el administrador de la Aduana y varios periodistas para cubrir la noticia.

A las 16:20h del 25 de mayo el tren con nuestra estrella a bordo llega a Elche. Como recoge el abate Moreux en su crónica: una gran multitud llenó los andenes de la estación. Creí que Elche era un pueblo. Entonces, ¿de dónde viene esta gente? Me entero con asombro de que estamos en una ciudad de 30.000 habitantes y que 25.000 personas están allí para recibir a Flammarion. Todo esto mientras coreaban ¡Viva Francia!, ¡viva Flammarion!

Tras este recibimiento y las presentaciones pertinentes, el alcalde en su papel de anfitrión mostró la ciudad a Mr. Flammarion y a su comitiva, una ciudad a rebosar de curiosos y aficionados, con los balcones llenos de gente e incluso con la bandera nacional colgada en el Círculo Republicano. A continuación, y sin apenas descanso, se dirigieron a comprobar las instalaciones de los condes de la Baume Pluvinel, que sería desde dónde el más mediático de los astrónomos realizaría sus estudios sobre el eclipse.

Los banquetes y celebraciones para agasajar a los sabios se fueron sucediendo hasta el día del eclipse. A ellos no solo acudían las comisiones científicas, sino que también estaban invitadas personalidades destacadas y autoridades como el Gobernador Civil de Alicante D. Hipólito Casas, el Duque de Béjar y su hijo el Marqués de Peñafiel que se hospedaron en casa del doctor D. Marcial Taboada, el que fuera ministro D. Trinitario Ruiz Capdepón, el general D. Camilo García de Polavieja,… e incluso el poeta Teodoro Llorente que ya estuvo con Flammarion unos días antes durante su estancia en Valencia, ocasión en la que le dedicó un poema durante el banquete celebrado en el jardín botánico.

El eclipse del 28 de mayo de 1900

El día amaneció radiante, sin una nube en el horizonte y con altas temperaturas que no impidieron que todos los tejados y azoteas de Elche se llenaran de gente esperando al primer eclipse del siglo XX.

A las 14:53h resuena el cañonazo del observatorio del Conde de la Baume Pluvinel que es acogido con gran emoción. Madame Flammarion se encontraba ya dibujando todo lo que captaba del cielo. Monsieur Camille Flammarion va de un lado para otro dando órdenes al resto de astrónomos mientras trata también de dibujar su visión del cielo. El abate Moreux, que agradece a Madame Pluvinel que le avise de la fugacidad del momento, realizaba un dibujo casi al instante.

Ante la atenta mirada de toda la población, comenzaron a cambiar de color las casas y las palmeras, el Sol palideció y la temperatura bajó de manera sensible a la par que crecía la emoción del público congregado.

A las 16:09h llegaba la oscuridad, el espectáculo de 1 minuto y 19 segundos de duración no defraudó a nadie, a pesar de que la multitud tuvo un instante de pánico cuando parecía que el Sol quedaba hundido en la oscuridad y las aves desaparecían buscando su nido. La corona se vio prolongada, tal y como predijeron los astrónomos, y hasta se pudo contemplar a Venus, Aldebarán y Copelio.

Los resultados que se obtuvieron en aquel momento y en los días posteriores fueron numerosísimos. Los Sres. Vélez, Castellano, Sáinz, Máximo Lobo, Gavino y Sunyer, del Observatorio de San Fernando, consiguieron gran cantidad de fotografías parciales y unas cuantas, de la totalidad; el Sr. Somoza, por su parte, centró sus estudios en aspectos meteorológicos. El padre Ángel Rodriguez de Prada escribió al Papa León XIII para expresarle su satisfacción y pedirle la bendición para el Sr. Viniegra, cuyo objetivo primordial de sus estudios era averiguar la constitución física del Sol.

El Sr. Landerer pudo comprobar la proporción de luz paralizada de la corona solar. La Asociación Británica de Astronomía pasó a la historia no solo por sus estudios realizados desde la terraza de un bar frente al Hotel La Confianza, sino también por ser una comitiva formada por más mujeres que hombres: las astrónomas Lady McClure y Miss Jessie McRae. Mención especial merece el astrónomo ruso Mr. Nicholas Donitch, instalado en dicho hotel ilicitano desde el 24 de mayo, que como él mismo cuenta en su crónica: unos segundos antes del final de la totalidad, presioné accidentalmente la bombilla del obturador del astrógrafo por segunda vez, así que sus resultados se vieron ligeramente alterados.

Muchos de los sabios prefirieron no hacer declaraciones hasta poder estudiar detenidamente todos los datos obtenidos pero la sensación general era de satisfacción.

Tras el eclipse, M. Flammarion con su habitual tono poético y místico, declaró a los periodistas que la luz se debilita considerablemente y su palidez es a la vez extraña y siniestra… asume un tinte angustioso.

La visita al Huerto del Cura

A pesar de que el banquete de honor del 28 de mayo a medio día, con invitados de la talla del propio Mr. Flammarion, el general Polavieja y el juez de instrucción del Sena el Sr. Louis Albanel, se celebró en el Huerto del Cura Castaño tal y como publicaron diarios de tirada nacional como La Correspondencia de España, lo que realmente trascendió y paso a nuestra historia fue la visita del día siguiente.

El 29 de mayo de 1900, Mr. Camille Flammarion acompañado de diversas personalidades tanto nacionales como extranjeras, visitaron nuestro Huerto para ver la palmera de los ocho brazos, símbolo ya de este jardín. Durante su visita, vieron trepar a los palmereros y cortar las palmas, aplaudiendo tal demostración de tradición local. En algún momento del paseo, el capellán le dedicó una palmera al cantor del cielo, quedando ligado para siempre a ella e iniciando la tradición del bautismo de palmeras.

Para recuerdo también quedaron los autógrafos que dedicaron los invitados en el álbum de visitas, siendo el primero de los muchos libros con dedicatorias que conservamos entre nuestro patrimonio.

© Paula López Alted.

© Huerto del Cura, S.L.

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Información y fotografías extraídas de:

(Ibarra y Ruiz, Pedro). Recuerdo del eclipse total de sol del 28 de mayo de 1900. [Colección de recortes de prensa, mapas y crónicas]. MSS/19107. Biblioteca Nacional de España, Madrid. / Biblioteca Digital Hispánica.

Eclipse solar del 28 de mayo. Revista ilustrada Blanco y Negro. Edición encuadernada de 1900 de la Biblioteca del Jardín Artístico Nacional Huerto del Cura.

Otra bibliografía consultada:

Cátedra Pedro Ibarra. Memoria Digital de Elche. https://www.elche.me/

Diversos autores (27 mayo 2021) La petita historia de la Vil·la Urània 3: Una casa per la ciència (1899-1937). Josep Comas i Solà, el científic. Finestres del Farró. https://finestresdelfarro.blogspot.com/2021/05/la-petita-historia-de-la-villa-urania-3.html

Canales, Victoriano. El eclipse solar de 1900 en Elche. Elche Xplorer, patrimonio y naturaleza. https://patrimonioelche.es/el-eclipse-solar-de-1900-en-elche/

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